domingo, 28 de julio de 2013

Capítulo 4:


29 de Septiembre, 2012
- ¡ Buenos días, preciosa!
Miré a Justin de reojo, mientras él me pasaba el brazo por encima.
- ¿ Cómo es que te puedes despertar tan feliz?
Soltó una carcajada y, por ninguna razón, me acordé de Niall. Después de volver al estudio tuvimos que esperar casi una hora más. Estuvimos conociéndonos un poco y, cuando Katrina salió, nos despedimos con dos besos y con un << Ya te llamaré>> de su parte. Entonces me acordé de que no le di mi número, pero supuse que lo había guardado el día en el que me llamó por lo del móvil de Katrina.
- Es imposible no hacerlo si te veo.
La voz de Justin hizo que volviera a la realidad. Me giré para mirarle.
- ¿ Es imposible despertarte?
Me dedicó una sonrisa, mientras ponía los ojos en blanco. No quise reconocerlo, pero me pareció bastante mono al hacer eso.
- Cómo no iba a ser feliz. - dijo.
Sentí como me rozaba suavemente la oreja con los dedos. Un escalofrío me recorrió la espalda y se me erizaron los pelos de la nuca. Ni siquiera sabía porque no le quitaba el brazo de encima mio. Me giré para mirarle. Estaba sonriendo; seguramente porque me notaba nerviosa. Levanté mi mano para encontrar la de Justin y por un momento, al rozar sus dedos, me quedé quieta. Tomé aire para hacer que mi cuerpo dejara de temblar e hice que quitara el brazo.
- Deberíamos darnos prisa.- tartamudeé.- Si no, llegaremos tarde.
- Así que te preocupa llegar tarde.- enarcó las cejas.
- Me preocupa mi futuro.
- ¡ Touché! - exclamó y después chasqueó los dedos y me señaló con el índice.
Solté una pequeña, pero sincera, carcajada. Tal vez Justin no fuera tan malo como había pensado.
- Por cierto...- empecé a decir.- ¿ Tu manera de ligar con una chica es llamarla preciosa?
- ¿ Crees que estoy ligando contigo?
Por como lo decía parecía que estaba intentando no reírse.
- Creo que es obvio.
Soltó aire y me empezó a acariciar el pelo.
- Pues que sepas que todavía no he empezado.
No me quería ni imaginar la cara que tendría en aquel momento. ¿ Cómo se supone que debería tomarme eso?
Cuando llegamos a la puerta del instituto, vimos a Katrina enseñando su tatuaje a Derek Thomas. Mi amiga estaba obsesionada con los enanitos de jardín, así que se había tatuado uno en el hombro. Les saludé a los dos y cruzamos la puerta. Me giré para decirle algo a Justin, pero ya no estaba. Lo busqué con la mirada; no lo encontré. Me puse la capucha de la sudadera que llevaba puesta y metí las manos en bolsillo. Todavía faltaban cinco minutos para que empezaran las clases, así que Katrina y yo nos sentamos en las escaleras que daban a la puerta principal. Me apoyé contra el escalón que tenía detrás.
- Gisele, - giré la cabeza para mirar a mi amiga.- ¿ quién era el chico de ayer? Ese rubio.
Solté una risita.
- ¿ Te ha gustado, tonta? Es el chico que encontró tu móvil.
Se echó el pelo hacia atrás con la mano, intentando mostrar superioridad. Ahogué una carcajada.
- Para tu información, - empezó a decir mientras me señalaba con el dedo.- estoy interesada en otro.
Arqueé las cejas y me acerqué un poco más a ella.
- ¿ En quién?
Levantó las manos a la altura de su cabeza y las empezó a mover.
- Ahh... es un secreto.- dejó caer los brazos a ambos costados de su cuerpo. Después se giró para mirarme.- Tal vez algún día lo sepas.
- Vamos, Kat, que no estamos en primaria. Dime quien es.
Vaciló durante un momento y cuando habló lo hizo con un susurro.
- El chico del mostrador del estudio de tatuajes. Ayer le pedí el número e igual quedamos hoy.
- ¡ Sabía que tramabas algo! - exclamé poniendo más emoción de la que debería.- No esta mal.- comenté más calmada.
- Está genial.
La miré mientras juntaba los dedos y los llevaba a los labios para darles un beso. Solté una carcajada. Entonces sonó la campana y tuvimos que entrar. Caminé por el pasillo, subí las escaleras y justo cuando iba a entrar a clase, vi a Justin subiendo. Tenía la mano en la cara. Me fijé mejor y vi como le salía sangre de la nariz.
- Oh, no.- comenté para mi misma.
Deje la mochila en mi sitio y fui a por el. Lo encontré esperando delante de la enfermería. Mantenía la cabeza echada hacia atrás y sujetaba una gran cantidad de papel en la nariz.
Me senté a su lado, pero no dije nada. Me apoyé en el respaldo de la silla y crucé los brazos por encima de mi pecho.
- ¿ Sabes que las clases ya han empezado, no? - preguntó con en tono burlón.
Ignoré su pregunta y cambié de tema.
- ¿ Qué te ha pasado?
Se encogió de hombros y se quitó el papel de la nariz.
- He hecho de héroe.
- No estoy de bromas. ¿ Qué has hecho?
- Ya te lo he dicho.- me giré para mirarle con cara de asesina. Él levantó las manos por encima de su cabeza.- Vale. Iban a pegar a un chico menor y me metí para que no le hicieran nada.
Sentí como mi cuerpo se relajaba.
- ¿ Con quién te has pegado?
- ¿ Tú crees que le he preguntado su nombre?
Puse los ojos en blanco. Iba a decir algo más, pero oí a alguien carraspeando detrás de mi. Me giré. A unos metros de distancia estaba el director. Tenía las manos detrás de la espalda.
- ¿ No deberíais estar en clase? - preguntó con voz ronca. Caminó hasta ponerse delante de nosotros. Examinó a Justin y luego me miró a mi.- Vete a clase.
Asentí sin protestar.
- Luego te veo.- le dije a Justin y volví a clase.
El resto del día pasó normal. A la tarde Katrina se volvió a ir con Justin y yo fui a trabajar. Había convencido a mi amiga para hacer de guía turístico, pero a cambio de un favor, claro.
Acabé mi turno a las siete y media y, justo cuando iba a salir, entró Niall. Miró alrededor suyo, hasta que su vista se volvió a clavar en mi, al igual que en el estudio de tatuajes. Me saludó con un movimiento de cabeza y caminó hasta mí con grandes zancadas. Estaba empezando a pensar que me estaba persiguiendo.
- Hola.- saludó con una gran sonrisa.
Se la devolví antes de darle dos besos. Era un poco más alto que yo, así que tenía que ponerme de puntillas.
- ¿ Qué haces aquí?
Me empecé a poner la chaqueta mientras esperaba su respuesta.
- Me enteré de que trabajas aquí y he venido a ver si te encontraba para ir a tomar algo.- se apoyó con una mano en la pared y se quedó mirándome.- ¿ Qué dices?
Me subí la cremallera de la cazadora y lo miré.
- Tendría que ir a estudiar, pero supongo que por una hora no pasara nada.
En su cara se dibujó una sonrisa torcida que, por alguna razón, hizo que me sonrojara. Salimos del restaurante y me condujo hasta su coche; un Toyota negro. Me abrió la puerta y yo ocupé el asiento del copiloto. Dentro hacía mucho más calor que fuera, así que me quité la chaqueta y la dejé encima de mis piernas. Segundos después, Niall ocupó el asiento del conductor. Deslicé el móvil del bolsillo de mi pantalón para ver si tenía alguna llamado o mensaje, pero no tenía nada. Niall echó una mirada al retrovisor y otra a mi, antes de hablar.
- ¿ Qué tal te ha ido el día?
Me encogí de hombros.
- Supongo que bien.- le dediqué una sonrisa.- ¿ Y a ti?
- Está empezando a mejorar.
Me mordí el labio inferior para reprimir una risita tonta y bajé la cabeza por si me había puesto roja.
Condució durante unos minutos más hasta llegar a un Starbucks. Buscó un sitio para aparcar y salimos del coche. Nos sentamos en una mesa al fondo. Pedimos chocolate caliente y empezamos a hablar de cualquier tontería. Me pasé casi toda la hora riendo.
- Gisele.- levanté la cabeza para mirarle.- Tienes un poco de chocolate aquí.- se señaló la parte de arriba del labio y sonrió.
Me pasé la lengua para quitarmelo, pero por como se reía Niall supuse que no lo había conseguido. Cogió una servilleta y me la tendió.
- Gracias.
Me la pasé por los labios y después usé la ventana como espejo para ver si todavía tenía manchado. Volví a sacar el móvil para mirar la hora. Eran las nueve de la noche y todavía no había hecho los deberes, ni había estudiado. Me levanté y me empecé a poner la chaqueta.
- Me tengo que ir.
Niall asintió lentamente, se levantó y se empezó a poner su cazadora.
- Te llevo.
Unos quince minutos más tarde ya estaba delante de mi casa.
- ¿ Te apetecería volver a quedar? - preguntó.
Le miré con una sonrisa en la cara y me encogí de hombros.
- De acuerdo.
- ¿ Te apetece ir el sábado al cine?- se pasó la mano por el pelo; un gesto que hizo que pareciera nervioso.
- Iré encantada.- apoyé mi mano en su hombros y me puse de puntillas para darle dos besos.- Nos vemos el sabado.
Me di la vuelta y entré dejando atrás a Niall.


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GRACIAS POR PASAR!:)


martes, 23 de julio de 2013

Capítulo 3:


28 de Septiembre, 2012
Lunes. Otro día de clase y otra semana. Me había pasado todo el domingo estudiando, ya que el sábado y el viernes por la tarde lo tuve complicado estando en la casa de mi madre. Había vuelto el domingo a las diez de la mañana al apartamento y tuve que ordenar todo. Después, desde las doce, estuve estudiando hasta las once y sólo me tomaba descansos de media hora.
Me levanté de la cama a las siete, justo cuando sonó el despertador. Sentía mi cuerpo como si fuera de hierro y apenas podía mantener los ojos abiertos. Caminé hasta el baño arrastrando los pies por el suelo. Dejé que el agua cayera, mientras me quitaba la ropa y, una vez debajo, sentí como me espabilaba. Quince minutos después estaba delante del armario decidiendo qué ponerme; elegí unos jeans ajustados rosas, una blusa blanca y unas covers de ese mismo color. Por encima, para protegerme del frío, me puse una cazadora de cuero negra. Me recogí el pelo en una coleta y, después de desayunar, salí de casa. Antes de ir al instituto tenía que pasar para recoger a Justin. Mis ganas eran escasas, pero ya le había dicho a mi madre que lo haría.
Toqué el timbre tres veces seguidas. Minutos después salió Justin. Llevaba unos tejanos negros y una sudadera roja. Me sonrió.
- Buenos días.
- Vaya, pareces muy animado, a pesar de que es lunes.- comenté mientras empezaba a caminar.
- Tengo la esperanza de que coincidamos en alguna clase.
Me guiñó un ojos para después fijar la vista hacia adelante.  No sabía si reír o llorar. Acabé optando por lo primero y me empecé a reír como una loca.


En la primera hora tenía clase de biología. En la segunda matemáticas. En la tercera educación física. Etc, etc, etc... Al final del día me reuní con Katrina en la puerta principal y, para mi desgracia, también con Justin. Me giré para mirarle.
- ¿ Recuerdas por dónde tienes que ir?
Se encogió de hombros.
- Ni idea.
Miré a Katrina.
- ¿ Podrías llevarle tu? No me da tiempo de llegar al restaurante si voy yo.
Se apartó un mechón de pelo de la cara y lo puso detrás de la oreja. Después de soltar un suspiro, habló.
- De acuerdo, pero me tienes que acompañar a hacerme el tatuaje.
Asentí con la cabeza.
- Vale.
Le di dos besos y me alejé de ellos. Llegué a la puerta del restaurante justo a las cuatro y media. Solía trabajar dos horas desde lunes a jueves, pero ya que una de las empleadas estaba enferma, tenía que hacer tres horas. Me puse el delantal y empecé a atender a los clientes.
A las ocho me encontraba delante de la casa de Katrina esperando a que saliera. Cinco minutos después bajó dando saltos. Empezamos a caminar alejándose cada vez más de su casa.
- Por aquí.- dijo mientras señalaba un callejón del que solamente salía la luz procedente de una farola.
Dudé.
- ¿ Estas segura? No parece un buen sitio para poner un estudio de tatuajes.
Me agarró de la mano y tiró de mi.
- Vamos. Aquí trabaja un amigo de mi primo y me lo va a hacer gratis.- se paró delante de una puerta de cristal con un letrero en el que ponía << ABIERTO>> y la empujó para que se abriera.- Tengo que decirles quien soy.- comentó.
Por dentro, la sala era mucho más acogedora. Había dos sofás de cuero rojo a cada lado de una mesa redonda de cristal. Las paredes estaban llenas de fotos de tatuajes y había un pequeño mostrador en el fondo. Al otro lado de la sala había otra puerta, donde supuse que se hacían los tatuajes.
Me senté y miré como Katrina caminaba hacia el chico que se encontraba en el mostrador. Tenía el pelo negro, un piercing en el labio, las orejas dilatadas y el brazo derecho lleno de tatuajes. Mi amiga le dijo un par de cosas y él le señaló la puerta en la que me había fijado antes. Bajé un momento la vista hacia el suelo;  una moqueta blanca lo cubría todo. Cuando volví a mirar, Katrina estaba inclinada hacia adelante y le susurraba algo al chico, quien asintió con media sonrisa en la cara. Se volvió a acercar a mi, dejó sus cosas a mi lado y desapareció detrás de la puerta que le había señalado el chico del pelo negro.
Empecé a jugar con mis dedos intentando entretenerme, pero no lo conseguía. El sonido de unos pasos me hicieron levantar la cabeza. Al lado de la puerta principal habían dos chicos. El primero era moreno, de pelo castaño y bastante alto. El segundo era el rubio que había encontrado el móvil de Katrina; no me acordaba de su nombre. Su mirada se paseó por la sala, hasta posarse en mi. Me sonrió y después caminó hasta quedarse delante mío. Levanté la cabeza rezando por no estar roja.
- Hola.
Se inclinó hacia mi para darme dos besos. Olía bien, pero no pude identificar a qué; menta, tal vez.
- Hola...- murmuré.- Lo siento, se me ha olvidado tu nombre.
Se puso la mano en el pecho. Pude ver que estaba intentando no sonreír.
- Me ofendes, Gisele.
Le devolví la sonrisa y me quité un mechón de pelo de la cara.
- Veo que tú si te acuerdas del mío.- comenté.
Se pasó la mano por el pelo, sin dejar de mostrar sus dientes en ningún momento.
- Como olvidarlo. Mi nombre es Niall.- asentí lentamente, mientras el tomaba asiento a pocos centímetros de mí.- ¿ Y qué haces aquí?
Miré hacia la puerta por la que había entrado Katrina unos cinco minutos antes y me pregunté cuánto tardarían en hacerle el tatuaje.
- Esperando a una amiga. La estoy acompañando.
Movió la cabeza lentamente, como si tuviera que comprender algo.
- Estamos en lo mismo.
Esta vez fui yo la que movió la cabeza y a continuación nos quedamos en silencio. Su amigo también había desaparecido por la puerta y esta vez nos quedamos yo, Niall y el chico del mostrador, quien no nos quitaba los ojos de encima. Me moví incómoda y me apoyé en el respaldo.
- Bueno...- comencé a decir.
- Bueno...- repitió Niall mientras copiaba mi postura y giraba la cabeza para mirarme.
No sabía porqué, pero eso me dio gracia y me empecé a reír. Tomé varias bocanadas profundas de aire para tranquilizarme. Cuando por fin conseguí parar, me di cuenta de que Niall también se estaba riendo. Su risa hizo que estallara otra vez en carcajadas. Cinco minutos después pudimos parar.
- ¿ Qué te parece si damos una vuelta? Creo que tardarán bastante.
Asentí lentamente y salimos. Ya fuera, sentí como se me ponía la piel de gallina. Levanté la cremallera de la cazadora hasta arriba y metí las manos en los bolsillos. El cielo estaba de un gris muy oscuro, casi negro, y ya estaban empezando a caer gotas de lluvia.
Empezamos a caminar en silencio. Uno que no era incómodo para nada. Niall carraspeó un poco e hizo que lo mirara.
- ¿ Tienes frío?
Negué con la cabeza.
- Estoy bien.
Aunque sabía que no se lo creía, ya que estaba temblando, asintió y cambió de tema.
- ¿ Te apetece que nos conozcamos? Ya que no tenemos nada que hacer.
- Hmm...- le miré de reojo.- De acuerdo.
Nos sentamos en un banco que estaba cerca poniéndonos cara a cara.
- De acuerdo...- empezó a decir.- Aver por donde empezamos.- se mordió el labio inferior mientras pensaba y, sin darme cuenta, hice lo mismo.- ¿ Cuántos años tienes? - preguntó de repente.
- Diecisiete. Dentro de un mes dieciocho.- crucé las piernas.- ¿ Tú?
- Dieciocho.- me dedicó una sonrisa.- Espera, creo que tenía que haber empezado con lo más importante.- arqueé una ceja y él levantó la mano derecha y me señaló con el dedo índice, mientras entrecerraba los ojos.- ¿ Tienes novio?
Negué con la cabeza enérgicamente. Niall soltó un suspiro y se pasó el dorso de la mano por la frente mostrando alivio.
- Menos mal.- comentó.- No tenía ganas de meterme en un lío.
Solté una carcajada.
- Me gusta tu risa.
Sentí como mis mejillas se calentaban al oír sus palabras.
- Gracias.- murmuré.
Nos quedamos en silencio. De repente empezó a llover, así que volvimos al estudio de tatuajes.

martes, 16 de julio de 2013

Capítulo 2:


26 de Septiembre, 2012
Cuando era pequeña, mis padres me repetían todos los días que tenía que respetar a las personas que me respetaban a mi. Y si no lo hacían...bueno, ya vería. Por eso estaba discutiendo con Justin en aquel momento. Había bajado a las doce de la mañana, medio desnudo, a desayunar. Se sentó en la mesa y empezó a pedir como si estuviera en un restaurante.
- ¿ Sabes? Aquí cada uno se prepara el desayuno.- comenté después de dejar de mirar como las gotas de lluvia resbalaban por la ventana.
- Soy vuestro invitado, ¿ no crees que podrías hacer una excepción?
- Primero; haz el favor de ponerte más ropa y no bajar sólo con unos simples calzoncillos.- me levanté de la silla para acercarme a la nevera.- Segundo; aquí tienes todo lo que necesitas para hacerte el desayuno y - abrí uno de los armarios - aquí tienes más cosas. Y tercero; eres el invitado de mi madre, no el mío, así que no tengo porque ser amable.
Salí de la cocina con su mirada fija en mi.

Media hora después, oí el timbre mientras estaba en mi habitación. Bajé las escaleras de dos en dos. Delante de la puerta, Justin conversaba con un repartidor de pizza. Me quedé apoyada en el umbral de la puerta esperando a que acabé. Cuando se giró me miró un momento y luego se dirigió al salón. Ahora por lo menos llevaba unos pantalones de chándal. No entendía como él podía andar por ahí sin camiseta y yo con un jersey de lana me moría de frío.
Le seguí.
- ¿ Así que piensas desayunar pizza?
Cogió un trozo y le dio un mordisco.
- Yo diría que es la comida.- me tendió la caja.- ¿ Quieres?
Puse cara de asco y negué con la cabeza.  
- Cuando acabes, recoge todo.
Hizo el saludo militar antes de volver la cabeza hacia la televisión. Volví a subir las escaleras. Cogí mi móvil y lo revisé. Tenía dos llamadas perdidas de un número desconocido. La última era de hacía dos minutos, así que supuse que volvería a llamar. Me tendí boca abajo en la cama con el libro de matemáticas delante de mi. Había acabado dos ejercicios cuando sonó mi móvil. << Desconocido>> ponía en la pantalla. Acepté la llamada y me acerqué el móvil a la oreja.
- ¿ Sí?
La persona que estaba al otro lado de la línea vaciló un momento.
- Hola. Llamaba porque he encontrado un móvil en la biblioteca. Supongo que lo habrán olvidado. Es de una chica con el pelo rosa, creo. Al menos así lo tiene en la foto.
Tardé unos segundos en darme cuenta de que decía. Hablaba tan rápido que apenas se le entendía.
- ¿ Pasaréis a recogerlo?

A las cinco de la tarde me encontraba sentada en la mesa de un Starbucks esperando a una persona que no sabía ni quién era. Lo que tenía que hacer por Katrina era increíble. En mi vida hubiera accedido a quedar con un desconocido, pero supuse que siempre había una primera vez para todo. Además, Katrina no podía ir a recogerlo debido a su castigo por haberse escapado la noche anterior y, si encima, sus padres se enteraran de que había perdido el móvil, su castigo quedaría prolongado para toda la vida.
Por lo menos el día tenía una parte buena. Horas antes había llamado mi madre; ya se encontraba mejor, así que volvía a casa esa misma noche. No podría explicar con palabras lo mucho que agradecía eso, ya que Justin no paraba de ponerme de los nervios. Cuando acabó la pizza dejó la caja encima del sofá y se fue a su habitación sin apagar la televisión. Le dije que recogiera todo, pero lo único que hizo fue asegurar que lo haría más tarde, pero cuando salí de casa la caja seguía ahí, y, si estaba segura de algo era de que no la iba a recoger yo.
Me pasé la mano por el pelo. Estaba temblando; no sabía si era por el frío o porque estaba nerviosa, el caso es que lo hacía. La puerta se abrió dejando paso a un chico rubio. Caminó con paso firme hasta mi mesa. De repente sentí ganas de vomitar.
- ¿ Eres Gisele?
Asentí. Me dedicó una sonrisa seductora. Se quitó la chaqueta y se sentó delante de mi. Empezó a rebuscar en sus bolsillos. Segundos después el móvil de Katrina daba vueltas encima de la mesa. Lo cogí y lo metí en mi bolso. Miré al chico intentando pensar se debería quedarme. Entonces él se inclinó sobre la mesa y me miró. Sentí como si sus ojos azules me traspasaran.
- Yo me llamo Niall.- me tendió la mano. Se la cogí mostrándole una sonrisa.- ¿ Te apetece quedarte para tomar algo?
Levanté mi vaso medio lleno de chocolate caliente.
- Ya he pedido.
Me volvió a sonreír y de repente sentí mucho calor.
- Chica lista.- comentó.- Yo tampoco me hubiera esperado.- dejó salir un suspiro y se levantó.- En ese caso... ¿ quieres que te lleve a casa?
Lo miré desconcertada. Apenas le conocía ¿ y quería llevarme a casa? A pesar de que transmitía mucha confianza, me negué a ir con él, en un coche, solos. Antes de irme dijo que volveríamos a vernos, pero lo dudaba mucho. Aún así le sonreí como si le estuviera dando la razón y salí.
En casa, Justin estaba tirado en el sofá y ni siquiera se movió cuando entré. Seguramente podrían entrar a robar y el ni se daría cuenta. Llevaba puesto los cascos con el volumen tan alto que lo oía desde el umbral de la puerta, donde me quedé unos minutos pensando en si acercarme. Decidí no hacerlo; si podría evitarle hasta que viniera mi madre, ¿ por qué no hacerlo? Subí a la habitación. Incluso antes de abrir la puerta oí los gritos de mis hermanos.
- ¡ Bajar de ahí! - grité al entrar. Los dos estaban saltando encima de la cama como si fuera elástica.- No podéis entrar aquí.
Walter dio otro salto más y aterrizó justo en la esquina de la cama. Mientras tanto Randall seguía saltando.  Me acerqué a ellos y les señalé la puerta.
- Fuera. De. Aquí.
- Eres una amargada.- comentó Randall sin parar.
Lo fulminé con la mirada.
- Teneis razon chicos, así que no la enfadeis que igual os muerde.
Me giré. Justin estaba apoyado en la puerta.  Mis hermanos se empezaron a reír y salieron de la habitación. Les miré mientras corrían por el pasillo y luego volví mi vista hacia Justin, quien había apoyado una mano en mi hombro.
- Deberías buscarte a alguien.
Levanté una ceja dándole a entender que no sabía de qué me hablaba.
- Una pareja.- se estiró hasta tocar el dintel.- No sé exactamente lo que te va.
- Los chicos. Me van los chicos.
Volvió a dejar caer sus brazos a cada costado de su cuerpo y me miró de arriba hacia abajo y vuelta a empezar. Se rascó la barbilla pensativo.
- Seguro que tu también les vas a ellos. Aunque tu actitud igual les echa hacia atrás. Por mucho que digáis los chicos no sólo nos fijamos en el físico.
- Si no tengo novio es porque no quiero.
Arqueó las cejas y una sonrisa burlona se dibujó en su cara.
- Utilizas siempre esa excusa.
- No es una excusa.- hice una pausa y crucé los brazos por encima del pecho.- No hay nadie lo bastante bueno para mi.
- Bueno, pues ya me conoces.- abrió los brazos y me miró.- Aunque creo que soy demasiado bueno para ti.
Solté una carcajada carente de sentido del humor.
- No llegas ni a ser bueno.
Pasó su dedo índice por mi mandíbula hasta llegar al final y luego me dio un pequeño toque en la nariz.

- Eso ya lo veremos.

martes, 9 de julio de 2013

Capítulo 1:

GISELE
24 de Septiembre, 2012
Me quedé mirando como las hojas de los árboles bailaban en el aire en sus caídas hacia el suelo, a través de la ventana. Llevaba trabajando menos de dos meses en aquel restaurante y ya estaban pensando en despedirme. Me quité un mechón de pelo de la cara. Nancy mantenía las manos cruzadas encima de la mesa y la mirada fija en mi, consiguiendo que me sintiera incómoda. Empujé la silla hacia atrás.
- Cuando me aceptasteis os avisé de que era probable que llegara tarde.- comenté en mi defensa.
- Porque pensábamos que sería una vez o dos, pero solo esta semana has llegado tarde dos veces,- cogió algunos papeles y los puso a la misma altura con unos pequeños golpes en la mesa - y estamos a jueves.
- Es por las clases.- hice una pausa en la espera de que dijera algo, pero no lo hizo.- No me despidas. Déjame este mes y si vuelvo a llegar más de cinco minutos tarde se acabó.
Asintió lentamente.
- De acuerdo.
Sonreí satisfecha, cogí mi bolso de encima de la silla y me fui. Fuera cada vez hacía más frío. Hundí mi cara en la bufanda de lana que llevaba alrededor del cuello y metí las manos en el bolsillo. Caminé esquivando la gente. Eche un vistazo al cielo mientras buscaba las llaves en el bolso; estaba teñido de un gris oscuro y tenía toda la pinta de que, o iba a nevar, o iba a llover. Conseguí abrir y entré. Era un edificio antiguo en el que, a pesar de que hacía falta un ascensor, no había ninguno. Subí las escaleras de dos en dos; tuve suerte de vivir en el segundo piso, digamos que no soy mucho de hacer ejercicio. Comparado con la casa de mi madre, había un silencio sepulcral.  Busqué el cargador en mi habitación para resucitar mi movil, que habia muerto una hora atrás por falta de energía. Tenía tres llamadas perdidas, todas de mi madre. Lo dejé en la mesa para ir a por un zumo. Llevaba sin comer desde la mañana y sentía como mis tripas rugían, consiguiendo un sonido parecido al de un león. Le devolví la llamada cuando volví y me tumbé en el sofá esperando a que contestara.
- ¡ Hola, Gisele!
Enarqué las cejas, consciente de que ella no podía verlo, pero ese tono de alegría era muy raro en mi madre.
- ¿ Qué pasa? - pregunté. Tenía que estudiar y no me iba a andar con rodeos.
- Vale, a ti no te puedo engañar.- hizo una pausa y oí como cogía aire.- Una de mis amigas tiene un hijo que se va a cambiar a tu instituto y me gustaría que le ayudarás a integrarse, ya que también es nuevo en la ciudad.
- ¿ Me estás pidiendo que haga de niñera?
Se hizo el silencio. Mi madre no decía nada y yo tampoco.
- Se quedará en tu habitación, mientras busca un piso donde vivir, espero que no te importe.
Y esa es mi madre; cambiando de tema siempre que puede.
Suspiré, ya era hora de acabar esa conversación tan absurda que, hiciere lo que hiciera, acabaría como a mi madre le diese la gana.
- Vale. Tengo que estudiar, te dejo.- y colgué.
Acabar las conversaciones con mi madre, siempre había sido tan fácil. Se podría decir que nunca habíamos tenido una conversación que de verdad pareciera de madre e hija, pero creo que a ninguna de las dos nos importaba. Cuando me fui de casa para poder estudiar más tranquila, me pasé semanas intentando ver si alguna vez sentía nostalgia o si tenía ganas de volver, pero no pasó ninguna de las dos cosas. Si no fuera por los gritos de mis hermanos pequeños, mi madre se podría pasar todo el día sin decir nada. En ningún momento me quejé de que fuese así, ya que eso ha sido lo que me ha hecho ser tan responsable.
Me estiré un poco, tenía que ir a estudiar, pero mis ganas eran escasas. Mi móvil volvió a sonar indicándome que tenía un nuevo mensaje. Empecé a mover los dedos de los pies y me quedé mirando cómo bajaban y subían a través de los calcetines. Cogí aire. En aquel momento me daba pereza hasta respirar. Antes incluso de que mirara el mensaje, sabía que sería de mi madre.
“ Pasa mañana por casa antes de ir al instituto."
Puse los ojos en blanco y tiré al móvil al otro extremo del sofá.

25 de Septiembre, 2012
Me volví a mirar en el espejo de al lado de la puerta principal antes de salir. Incluso antes de tocar el cemento de la calle, el cabello de mi nuca se erizó a causa del frío. Metí las manos en el abrigo. Cada vez que abría la boca el vaho se escapaba por el pequeño espacio que había entre mis labios. Caminé hasta que los bloques desaparecieron y fueron reemplazados por casas. Toqué el timbre cuando llegué. Un olor a huevos quemados salía de dentro de la casa. Empecé a dar pequeños saltitos para entrar en calor, ya que parecía que nadie tenía intención de abrirme. Saqué el móvil para mirar la hora. Sólo faltaban treinta minutos para que empezaran las clases y tardaba quince en llegar al instituto. Empecé a contar hasta diez; si no abrían me iba. 1... cogí aire. 2... lo solté. 3... la puerta se abrió de golpe. Randall me observaba con los ojos entrecerrados.
- ¿ Estás viva? - preguntó de repente.
Puse los ojos en blanco y le aparte de la puerta con delicadez. Miré a mi alrededor; nada comparado con lo que era antes de que me fuera. La manta que había en el sofá tenía gran parte en el suelo. En la cocina las sillas estaban en todos los lados, al igual que la comida. El olor a ambientador había desaparecido y lo había reemplazado el de que comida quemada.
Mi madre bajó por las escaleras con una manta alrededor de su cuerpo. Estaba despeinada, tenía unas ojeras inmensas y la nariz roja. Por un momento sentí pena por ella, pero enseguida desapareció. Era solo un resfriado. Caminó hacia mi. Cuando abrió la boca para hablar, su voz sonó débil.
- Gisele, ¿ me podrías dejar quedarme en tu apartamento?
Miré a mis hermanos. Ella hizo un gesto con la mano.
- Me refiero a que tu te quedes con ellos y yo en tu piso. Solo hasta que me cure.
Si no fuera porque mi madre me ayudaba a pagar el alquiler, mi respuesta hubiera sido un NO, bastante claro. Asentí lentamente.
- ¿ Cuándo decías que venía el chico ese? - pregunté mientras me ponía el pelo en un lado.
Guardó unos minutos de silencio, mientras pensaba.
- Hoy por la noche, tu padre lo traerá.
- ¿ Y cuándo volverás a casa?
- El lunes supongo que ya estaré mejor.- se colocó la manta.- ¿ A qué hora empiezas las clases?
Di un respingo al oír esa palabra.
- Me tengo que ir ya. Luego nos vemos.

- ¿ Adivina qué? - me preguntó Katrina nada más verme.
Me había pasado el último tramo corriendo y estaba jadeando, así que hice un gesto con la cabeza para que continuara.
- Creo que hacer como si se te olvidara el móvil, podría servir para ligar. Quiero decir; imagínate que vas a un sitio donde hay chicos que estan muy buenos. Podrías dejar tu móvil, procurando que el lo vea, claro, e irte. Así el irá a por ti para dartelo y empezareis a hablar.
Cogí una bocanada de aire.
- Y si es un ladrón y te lo roba.
Se encogió de hombros. Por lo que recordaba, ningún método para ligar le había funcionado en dos años y después de escuchar este, ya entendía porque.
- Entonces pensaré que es un chico malo.- hizo una pausa.- Sí, pensaré eso.
Puse los ojos en blanco. No sabía en que momento me habían dejado de sorprender las ideas de Katrina, pero estaba claro que para acostumbrarse a algo así hacía falta mucho tiempo.
Entré a clase con ella detrás de mi. Matemáticas era la única asignatura que compartíamos, y digamos  que no nos hacía mucha ilusión tenerla a primera hora de la mañana un viernes. Ni ningún otro día. Todas las miradas se dirigieron hacia Katrina, tal como era de esperar. Habíamos empezado un nuevo curso y se había vuelto a teñir el pelo. Esta vez había escogido un rosa claro. Llevaba tres años tiñéndose el pelo de un color diferente cada año.
Caminé hasta una mesa que estaba en la penúltima fila y me senté. Katrina hizo lo mismo y se sentó en una que estaba delante mio. El timbre sonó unos minutos después. La primera clase había empezado, y faltaban otra cinco para acabar. Lo único que deseé fue poder aguantar todo el día.

- ¡ Que ya voy! - grité al llegar al último escalón.
Habían tocado el timbre un par de veces seguida y me estaban poniendo de los nervios. Abrí la puerta.
- Existe algo llamado paciencia.- comenté al ver a mi padre.
Se giró para mirar al chico que había a su lado.
- Te dije que se iba a estresar.- enarqué las cejas y me volvió a hablar.- ¿ Y tu madre?
- Estoy bien, gracias.- se me quedó mirando fijamente con una sonrisa burlona en la cara.- Está enferma y se ha mudado a mi apartamento.
Asintió.
- Supongo que ya te habrá comentado que vendrá Justin, ¿ no? - ahora fui yo la que asintió.- Supongo que ya te encargarás tu de enseñarle la casa y todo eso, ya que yo tengo prisa.- me dio un beso en la frente y bajó los escalones.- Cuida de tus hermanos y no hagáis nada malo.
Cuando desapareció en su coche, miré a aquel chico y seguido el a mi también. No me hizo falta que dijera nada para saber que no iba a ser fácil pasar un fin de semana con el.
- ¿ Puedo pasar? - preguntó de repente.
Me quité de la puerta y le dejé entrar.