GISELE
24 de Septiembre, 2012
Me quedé mirando como las hojas de los árboles bailaban en el aire en sus caídas hacia el suelo, a través de la ventana. Llevaba trabajando menos de dos meses en aquel restaurante y ya estaban pensando en despedirme. Me quité un mechón de pelo de la cara. Nancy mantenía las manos cruzadas encima de la mesa y la mirada fija en mi, consiguiendo que me sintiera incómoda. Empujé la silla hacia atrás.
- Cuando me aceptasteis os avisé de que era probable que llegara tarde.- comenté en mi defensa.
- Porque pensábamos que sería una vez o dos, pero solo esta semana has llegado tarde dos veces,- cogió algunos papeles y los puso a la misma altura con unos pequeños golpes en la mesa - y estamos a jueves.
- Es por las clases.- hice una pausa en la espera de que dijera algo, pero no lo hizo.- No me despidas. Déjame este mes y si vuelvo a llegar más de cinco minutos tarde se acabó.
Asintió lentamente.
- De acuerdo.
Sonreí satisfecha, cogí mi bolso de encima de la silla y me fui. Fuera cada vez hacía más frío. Hundí mi cara en la bufanda de lana que llevaba alrededor del cuello y metí las manos en el bolsillo. Caminé esquivando la gente. Eche un vistazo al cielo mientras buscaba las llaves en el bolso; estaba teñido de un gris oscuro y tenía toda la pinta de que, o iba a nevar, o iba a llover. Conseguí abrir y entré. Era un edificio antiguo en el que, a pesar de que hacía falta un ascensor, no había ninguno. Subí las escaleras de dos en dos; tuve suerte de vivir en el segundo piso, digamos que no soy mucho de hacer ejercicio. Comparado con la casa de mi madre, había un silencio sepulcral. Busqué el cargador en mi habitación para resucitar mi movil, que habia muerto una hora atrás por falta de energía. Tenía tres llamadas perdidas, todas de mi madre. Lo dejé en la mesa para ir a por un zumo. Llevaba sin comer desde la mañana y sentía como mis tripas rugían, consiguiendo un sonido parecido al de un león. Le devolví la llamada cuando volví y me tumbé en el sofá esperando a que contestara.
- ¡ Hola, Gisele!
Enarqué las cejas, consciente de que ella no podía verlo, pero ese tono de alegría era muy raro en mi madre.
- ¿ Qué pasa? - pregunté. Tenía que estudiar y no me iba a andar con rodeos.
- Vale, a ti no te puedo engañar.- hizo una pausa y oí como cogía aire.- Una de mis amigas tiene un hijo que se va a cambiar a tu instituto y me gustaría que le ayudarás a integrarse, ya que también es nuevo en la ciudad.
- ¿ Me estás pidiendo que haga de niñera?
Se hizo el silencio. Mi madre no decía nada y yo tampoco.
- Se quedará en tu habitación, mientras busca un piso donde vivir, espero que no te importe.
Y esa es mi madre; cambiando de tema siempre que puede.
Suspiré, ya era hora de acabar esa conversación tan absurda que, hiciere lo que hiciera, acabaría como a mi madre le diese la gana.
- Vale. Tengo que estudiar, te dejo.- y colgué.
Acabar las conversaciones con mi madre, siempre había sido tan fácil. Se podría decir que nunca habíamos tenido una conversación que de verdad pareciera de madre e hija, pero creo que a ninguna de las dos nos importaba. Cuando me fui de casa para poder estudiar más tranquila, me pasé semanas intentando ver si alguna vez sentía nostalgia o si tenía ganas de volver, pero no pasó ninguna de las dos cosas. Si no fuera por los gritos de mis hermanos pequeños, mi madre se podría pasar todo el día sin decir nada. En ningún momento me quejé de que fuese así, ya que eso ha sido lo que me ha hecho ser tan responsable.
Me estiré un poco, tenía que ir a estudiar, pero mis ganas eran escasas. Mi móvil volvió a sonar indicándome que tenía un nuevo mensaje. Empecé a mover los dedos de los pies y me quedé mirando cómo bajaban y subían a través de los calcetines. Cogí aire. En aquel momento me daba pereza hasta respirar. Antes incluso de que mirara el mensaje, sabía que sería de mi madre.
“ Pasa mañana por casa antes de ir al instituto."
Puse los ojos en blanco y tiré al móvil al otro extremo del sofá.
25 de Septiembre, 2012
Me volví a mirar en el espejo de al lado de la puerta principal antes de salir. Incluso antes de tocar el cemento de la calle, el cabello de mi nuca se erizó a causa del frío. Metí las manos en el abrigo. Cada vez que abría la boca el vaho se escapaba por el pequeño espacio que había entre mis labios. Caminé hasta que los bloques desaparecieron y fueron reemplazados por casas. Toqué el timbre cuando llegué. Un olor a huevos quemados salía de dentro de la casa. Empecé a dar pequeños saltitos para entrar en calor, ya que parecía que nadie tenía intención de abrirme. Saqué el móvil para mirar la hora. Sólo faltaban treinta minutos para que empezaran las clases y tardaba quince en llegar al instituto. Empecé a contar hasta diez; si no abrían me iba. 1... cogí aire. 2... lo solté. 3... la puerta se abrió de golpe. Randall me observaba con los ojos entrecerrados.
- ¿ Estás viva? - preguntó de repente.
Puse los ojos en blanco y le aparte de la puerta con delicadez. Miré a mi alrededor; nada comparado con lo que era antes de que me fuera. La manta que había en el sofá tenía gran parte en el suelo. En la cocina las sillas estaban en todos los lados, al igual que la comida. El olor a ambientador había desaparecido y lo había reemplazado el de que comida quemada.
Mi madre bajó por las escaleras con una manta alrededor de su cuerpo. Estaba despeinada, tenía unas ojeras inmensas y la nariz roja. Por un momento sentí pena por ella, pero enseguida desapareció. Era solo un resfriado. Caminó hacia mi. Cuando abrió la boca para hablar, su voz sonó débil.
- Gisele, ¿ me podrías dejar quedarme en tu apartamento?
Miré a mis hermanos. Ella hizo un gesto con la mano.
- Me refiero a que tu te quedes con ellos y yo en tu piso. Solo hasta que me cure.
Si no fuera porque mi madre me ayudaba a pagar el alquiler, mi respuesta hubiera sido un NO, bastante claro. Asentí lentamente.
- ¿ Cuándo decías que venía el chico ese? - pregunté mientras me ponía el pelo en un lado.
Guardó unos minutos de silencio, mientras pensaba.
- Hoy por la noche, tu padre lo traerá.
- ¿ Y cuándo volverás a casa?
- El lunes supongo que ya estaré mejor.- se colocó la manta.- ¿ A qué hora empiezas las clases?
Di un respingo al oír esa palabra.
- Me tengo que ir ya. Luego nos vemos.
- ¿ Adivina qué? - me preguntó Katrina nada más verme.
Me había pasado el último tramo corriendo y estaba jadeando, así que hice un gesto con la cabeza para que continuara.
- Creo que hacer como si se te olvidara el móvil, podría servir para ligar. Quiero decir; imagínate que vas a un sitio donde hay chicos que estan muy buenos. Podrías dejar tu móvil, procurando que el lo vea, claro, e irte. Así el irá a por ti para dartelo y empezareis a hablar.
Cogí una bocanada de aire.
- Y si es un ladrón y te lo roba.
Se encogió de hombros. Por lo que recordaba, ningún método para ligar le había funcionado en dos años y después de escuchar este, ya entendía porque.
- Entonces pensaré que es un chico malo.- hizo una pausa.- Sí, pensaré eso.
Puse los ojos en blanco. No sabía en que momento me habían dejado de sorprender las ideas de Katrina, pero estaba claro que para acostumbrarse a algo así hacía falta mucho tiempo.
Entré a clase con ella detrás de mi. Matemáticas era la única asignatura que compartíamos, y digamos que no nos hacía mucha ilusión tenerla a primera hora de la mañana un viernes. Ni ningún otro día. Todas las miradas se dirigieron hacia Katrina, tal como era de esperar. Habíamos empezado un nuevo curso y se había vuelto a teñir el pelo. Esta vez había escogido un rosa claro. Llevaba tres años tiñéndose el pelo de un color diferente cada año.
Caminé hasta una mesa que estaba en la penúltima fila y me senté. Katrina hizo lo mismo y se sentó en una que estaba delante mio. El timbre sonó unos minutos después. La primera clase había empezado, y faltaban otra cinco para acabar. Lo único que deseé fue poder aguantar todo el día.
- ¡ Que ya voy! - grité al llegar al último escalón.
Habían tocado el timbre un par de veces seguida y me estaban poniendo de los nervios. Abrí la puerta.
- Existe algo llamado paciencia.- comenté al ver a mi padre.
Se giró para mirar al chico que había a su lado.
- Te dije que se iba a estresar.- enarqué las cejas y me volvió a hablar.- ¿ Y tu madre?
- Estoy bien, gracias.- se me quedó mirando fijamente con una sonrisa burlona en la cara.- Está enferma y se ha mudado a mi apartamento.
Asintió.
- Supongo que ya te habrá comentado que vendrá Justin, ¿ no? - ahora fui yo la que asintió.- Supongo que ya te encargarás tu de enseñarle la casa y todo eso, ya que yo tengo prisa.- me dio un beso en la frente y bajó los escalones.- Cuida de tus hermanos y no hagáis nada malo.
Cuando desapareció en su coche, miré a aquel chico y seguido el a mi también. No me hizo falta que dijera nada para saber que no iba a ser fácil pasar un fin de semana con el.
- ¿ Puedo pasar? - preguntó de repente.
Me quité de la puerta y le dejé entrar.

¡HOLA!
ResponderEliminarBueno, para empezar soy la usuaria Lore1998 (Metroblog) y como siempre no puedo perder la oportunidad de leer una novela como la tuya ^^
Me encantan los protagonistas y de lo que puede ir la historia. Espero pronto el capítulo 2
Por cierto, me gustaría, si no es mucha molestia que me avisases cada vez que subieras aquí. Es que no utilizo mucho "Blogspot" pero que si no puedes pues.. Ya es hora de que empiece a utilizarlo ^^ ¡Muchos besos!