26 de Septiembre, 2012
Cuando era pequeña, mis padres me repetían todos los días que tenía que respetar a las personas que me respetaban a mi. Y si no lo hacían...bueno, ya vería. Por eso estaba discutiendo con Justin en aquel momento. Había bajado a las doce de la mañana, medio desnudo, a desayunar. Se sentó en la mesa y empezó a pedir como si estuviera en un restaurante.
- ¿ Sabes? Aquí cada uno se prepara el desayuno.- comenté después de dejar de mirar como las gotas de lluvia resbalaban por la ventana.
- Soy vuestro invitado, ¿ no crees que podrías hacer una excepción?
- Primero; haz el favor de ponerte más ropa y no bajar sólo con unos simples calzoncillos.- me levanté de la silla para acercarme a la nevera.- Segundo; aquí tienes todo lo que necesitas para hacerte el desayuno y - abrí uno de los armarios - aquí tienes más cosas. Y tercero; eres el invitado de mi madre, no el mío, así que no tengo porque ser amable.
Salí de la cocina con su mirada fija en mi.
Media hora después, oí el timbre mientras estaba en mi habitación. Bajé las escaleras de dos en dos. Delante de la puerta, Justin conversaba con un repartidor de pizza. Me quedé apoyada en el umbral de la puerta esperando a que acabé. Cuando se giró me miró un momento y luego se dirigió al salón. Ahora por lo menos llevaba unos pantalones de chándal. No entendía como él podía andar por ahí sin camiseta y yo con un jersey de lana me moría de frío.
Le seguí.
- ¿ Así que piensas desayunar pizza?
Cogió un trozo y le dio un mordisco.
- Yo diría que es la comida.- me tendió la caja.- ¿ Quieres?
Puse cara de asco y negué con la cabeza.
- Cuando acabes, recoge todo.
Hizo el saludo militar antes de volver la cabeza hacia la televisión. Volví a subir las escaleras. Cogí mi móvil y lo revisé. Tenía dos llamadas perdidas de un número desconocido. La última era de hacía dos minutos, así que supuse que volvería a llamar. Me tendí boca abajo en la cama con el libro de matemáticas delante de mi. Había acabado dos ejercicios cuando sonó mi móvil. << Desconocido>> ponía en la pantalla. Acepté la llamada y me acerqué el móvil a la oreja.
- ¿ Sí?
La persona que estaba al otro lado de la línea vaciló un momento.
- Hola. Llamaba porque he encontrado un móvil en la biblioteca. Supongo que lo habrán olvidado. Es de una chica con el pelo rosa, creo. Al menos así lo tiene en la foto.
Tardé unos segundos en darme cuenta de que decía. Hablaba tan rápido que apenas se le entendía.
- ¿ Pasaréis a recogerlo?
A las cinco de la tarde me encontraba sentada en la mesa de un Starbucks esperando a una persona que no sabía ni quién era. Lo que tenía que hacer por Katrina era increíble. En mi vida hubiera accedido a quedar con un desconocido, pero supuse que siempre había una primera vez para todo. Además, Katrina no podía ir a recogerlo debido a su castigo por haberse escapado la noche anterior y, si encima, sus padres se enteraran de que había perdido el móvil, su castigo quedaría prolongado para toda la vida.
Por lo menos el día tenía una parte buena. Horas antes había llamado mi madre; ya se encontraba mejor, así que volvía a casa esa misma noche. No podría explicar con palabras lo mucho que agradecía eso, ya que Justin no paraba de ponerme de los nervios. Cuando acabó la pizza dejó la caja encima del sofá y se fue a su habitación sin apagar la televisión. Le dije que recogiera todo, pero lo único que hizo fue asegurar que lo haría más tarde, pero cuando salí de casa la caja seguía ahí, y, si estaba segura de algo era de que no la iba a recoger yo.
Me pasé la mano por el pelo. Estaba temblando; no sabía si era por el frío o porque estaba nerviosa, el caso es que lo hacía. La puerta se abrió dejando paso a un chico rubio. Caminó con paso firme hasta mi mesa. De repente sentí ganas de vomitar.
- ¿ Eres Gisele?
Asentí. Me dedicó una sonrisa seductora. Se quitó la chaqueta y se sentó delante de mi. Empezó a rebuscar en sus bolsillos. Segundos después el móvil de Katrina daba vueltas encima de la mesa. Lo cogí y lo metí en mi bolso. Miré al chico intentando pensar se debería quedarme. Entonces él se inclinó sobre la mesa y me miró. Sentí como si sus ojos azules me traspasaran.
- Yo me llamo Niall.- me tendió la mano. Se la cogí mostrándole una sonrisa.- ¿ Te apetece quedarte para tomar algo?
Levanté mi vaso medio lleno de chocolate caliente.
- Ya he pedido.
Me volvió a sonreír y de repente sentí mucho calor.
- Chica lista.- comentó.- Yo tampoco me hubiera esperado.- dejó salir un suspiro y se levantó.- En ese caso... ¿ quieres que te lleve a casa?
Lo miré desconcertada. Apenas le conocía ¿ y quería llevarme a casa? A pesar de que transmitía mucha confianza, me negué a ir con él, en un coche, solos. Antes de irme dijo que volveríamos a vernos, pero lo dudaba mucho. Aún así le sonreí como si le estuviera dando la razón y salí.
En casa, Justin estaba tirado en el sofá y ni siquiera se movió cuando entré. Seguramente podrían entrar a robar y el ni se daría cuenta. Llevaba puesto los cascos con el volumen tan alto que lo oía desde el umbral de la puerta, donde me quedé unos minutos pensando en si acercarme. Decidí no hacerlo; si podría evitarle hasta que viniera mi madre, ¿ por qué no hacerlo? Subí a la habitación. Incluso antes de abrir la puerta oí los gritos de mis hermanos.
- ¡ Bajar de ahí! - grité al entrar. Los dos estaban saltando encima de la cama como si fuera elástica.- No podéis entrar aquí.
Walter dio otro salto más y aterrizó justo en la esquina de la cama. Mientras tanto Randall seguía saltando. Me acerqué a ellos y les señalé la puerta.
- Fuera. De. Aquí.
- Eres una amargada.- comentó Randall sin parar.
Lo fulminé con la mirada.
- Teneis razon chicos, así que no la enfadeis que igual os muerde.
Me giré. Justin estaba apoyado en la puerta. Mis hermanos se empezaron a reír y salieron de la habitación. Les miré mientras corrían por el pasillo y luego volví mi vista hacia Justin, quien había apoyado una mano en mi hombro.
- Deberías buscarte a alguien.
Levanté una ceja dándole a entender que no sabía de qué me hablaba.
- Una pareja.- se estiró hasta tocar el dintel.- No sé exactamente lo que te va.
- Los chicos. Me van los chicos.
Volvió a dejar caer sus brazos a cada costado de su cuerpo y me miró de arriba hacia abajo y vuelta a empezar. Se rascó la barbilla pensativo.
- Seguro que tu también les vas a ellos. Aunque tu actitud igual les echa hacia atrás. Por mucho que digáis los chicos no sólo nos fijamos en el físico.
- Si no tengo novio es porque no quiero.
Arqueó las cejas y una sonrisa burlona se dibujó en su cara.
- Utilizas siempre esa excusa.
- No es una excusa.- hice una pausa y crucé los brazos por encima del pecho.- No hay nadie lo bastante bueno para mi.
- Bueno, pues ya me conoces.- abrió los brazos y me miró.- Aunque creo que soy demasiado bueno para ti.
Solté una carcajada carente de sentido del humor.
- No llegas ni a ser bueno.
Pasó su dedo índice por mi mandíbula hasta llegar al final y luego me dio un pequeño toque en la nariz.
- Eso ya lo veremos.

¡¡Genial!!
ResponderEliminarDios, sin duda es genial ésta historia.
No he leído ninguna novela que se parezca
¡Y eso es genial!
Espero que sigas subiendo. ¡Un beso! (lore1998)
Atte: Lorena*
LO AME!!!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarMe encanto, Justin demasiado bueno para ella hehe
y NIALL LE SONRIO SEDUCTORAMENTE!!!!! Ajhakjdhasd
Tendria un ataque si me sonriera asi haha
Xoxo PokiFace