jueves, 29 de agosto de 2013

Capítulo 7:



El apartamento de Niall era bastante grande, moderno, elegante, acogedor y masculino. Tal como había dicho, el desayuno estaba preparado. Encima de la mesa redonda de la cocina había café, tostadas, huevos fritos, croissants y alguna que otra cosa más. Me giré hacia él con las cejas arqueadas.
- ¿ Esto es lo que desayunas normalmente?
Me sonrió tímidamente y se encogió de hombros.
- El desayuno es la comida más importante del día.
- Touché.
Niall soltó una carcajada antes mi respuesta. Tomamos asiento y empezamos a comer. Para mi mala suerte se acordó de que tenía que contarle lo que había pasado en la fiesta, así que lo hice, ya que no tenía más remedio. Sentía como mis manos temblaban, pero a diferencia de la noche anterior, esta vez era por rabia y no por miedo. Cuando acabé me fije en que Niall estaba apretando los puños con fuerza.
- Ese tio es un gilipollas.- comentó.- Deberían darle una lección. ¿ Por qué no le denuncias?
Negué lentamente con la cabeza.
- Sería inútil. Estábamos en una fiesta donde había alcohol, drogas y menores. También iría en nuestra contra. Además, no creo que intente nada más.
Niall pasó el brazo por mis hombros y me pegó más a él. Después de haber terminado de comer nos habíamos instalado en el sofá.
- Más le vale.- dijo con un tono protector.
Alcé la cabeza para mirarla a la cara. Su aliento chocaba contra mi frente y tenía sus labios a unos centímetros de distancia. Tragué saliva con dificultad. Me estaba empezando a poner algo nerviosa; tenía la sensación de que cada vez estábamos más cerca, hasta que sentí como nuestros labios se rozaban con delicadeza. Pensaba que me iba a besar, pero en lugar de eso, se apartó bruscamente de mi.
- Lo siento.- tartamudeó.
- No tienes que sentir nada.- agarré el cuello de su camiseta y tiré de él. El contacto de sus labios era suave y cálido.
Tardó unos segundos en reaccionar, pero, cuando lo hizo, puso sus manos en mi cintura para pegar más nuestros cuerpos. Mis brazos rodearon su cuello mientras que, con mis manos, acariciaba el cabello de su nuca. Nos separamos por falta de aire. Mi móvil empezó a sonar haciendo que me sobresaltara. Busqué en el bolsillo de mi chaqueta, hasta encontrarlo, y respondí.
- ¿ Qué pasa?
Carraspeé un poco al ver que mi voz estaba ronca. Mi madre no tardó en contestar.
- Gisele, vamos a hacer una cena esta noche. Procura ponerte algo elegante. Justin pasara a recogerte a las nueve.
- ¿ Y dónde queda mi opinión?
En vez de contestarme, me colgó. Si...mi madre me quería mucho…
Volví a guardar el móvil y miré a Niall.
- ¿ Me puedes llevar a casa?


Cuando paramos frente a mi portal me despedí con dos besos. Me pasé el día estudiando y a las ocho me empecé a preparar. Haciendo caso omiso de lo que me había dicho mi madre, me puse unas mallas negras, una sudadera rosa y unas converses del mismo color. Por encima me puse una chaqueta vaquera y me recogí el pelo en una coleta. Justin llegó a las nueve y cuarto con el coche de mi padre; un Bugatii negro.Deje mi bolso en la parte de atrás antes de entrar. La radio estaba puesto, haciendo que por los altavoces sonara a todo volumen la voz de Kelly Clarckson.
- Hola.
Me giré hacia Justin para mirarle. Estaba agachado para bajar el volumen de la música y así poder oírle mejor.
- Hola.- contesté para después ponerme el cinturón.
Arrancó el coche antes de volver a hablar.
- ¿ Y has dormido bien? - giró la cabeza durante unos segundos para mirarme. Se podía notar la burla en su tono de voz.
- Sí. Al menos hasta que me llamaste.- no esperé su respuesta antes de continuar.- ¿ A qué hora te fuiste?
Paró el coche en el semáforo y aprovechó para observarme. Golpeaba los dedos en el volante al ritmo de la música mientras hablaba.
- Cuando me desperté.
Asentí lentamente. El color rojo fue reemplazado por el verde y Justin volvió a poner el coche en marcha. Durante el resto del camino no hablamos más. En casa todo estaba listo. Mi madre había hecho la cena y mi padre había estado comprando las bebidas. Y mis hermanos, bueno, se habían dedicado a llegar al nivel diez de un videojuego.
Dejé mi chaqueta en el respaldo del sofá antes de tomar asiento. Para mi gran mala suerte, mis queridos hermanos, no tardaron mucho en venir a molestarme. Cada uno tomó asiento a un lado de mi cuerpo. Miré a Justin, quien estaba apoyado en el marco de la puerta dándonos la espalda. Estaba hablando con mi padre sobre coches...o algo así.
- Gisele.
Deje de observarles para prestar mi atención en Randall.
- Querida hermana nuestra.- continúo Walter mientras pasaba su brazo por mis hombros.
Los miré a los dos alternativamente. La verdad era que, a veces, para tener doce años, eran bastantes astutos. Siempre me había resultado difícil ser la única chica y, sobretodo, tener hermanos gemelos que no paraban de gastarme bromas. Me encontraba algo muerto en mi habitación por lo menos tres veces al mes, lo que era repugnante. Pero con el tiempo me fui acostumbrando y hasta empecé a vengarme.
De acuerdo, era hora de ir al grano.
- ¿ Qué queréis?
Walter puso cara de ofendido y Randall se ocupó de hablar.
- No queremos nada, Gisele. Sólo que sepas cuanto te queremos.
Puse los ojos en blanco en un intento de mantener una carcajada que estaba apunto de salirme. Estaba más que claro que querían algo.
- No, en serio. Soltarlo de una vez.
Los dos se levantaron para ponerse delante de mi. Randall caminó hasta el armario donde guardaban todos sus videojuegos y cogió uno de ellos. Walter carraspeó antes de empezar a hablar.
- ¿ Ves esto? - preguntó señalando lo que Randall tenía en la mano.- Bueno, pues resulta que es un asco, y, que necesitamos dinero para comprarnos uno nuevo.
- Y yo no os pienso dar ni un centavo.- comenté antes de que me lo pidieran.
- Pero, ¿ no estaba para eso la familia? - siguió Walter.- Para ayudar.
Volví a reprimir una carcajada. Randall dejó el videojuego en la mesa antes de seguir con la charla de Walter.
- Pues que sepas, Gisele, que tu no ayudas mucho.
Levanté mis pulgares con una sonrisa en la cara. No era la primera vez que me pedían dinero, al igual que tampoco era la primera vez que les decía que no.
- Os quiero.- dije antes de salir de la sala de estar y entrar en la cocina, donde mis padres seguían preparando algunas cosas.
Por lo visto Justin también estaba ayudando. << Que generoso  por su parte.>> Tomé asiento en una silla y seguí observando cómo se movían de un lado al otro.
- ¿ Y por qué esta cena? - pregunté mientras apoyaba el codo en la mesa y mi cara en la palma de la mano.
Mi madre dejó de hacer, lo que fuera que estuviera haciendo, y se giró para mirarme. Llevaba el pelo trenzado y recogido en un moño. Un vestido azul oscuro que llegaba hasta las rodillas cubría su cuerpo. Hacía mucho que no la veía tan arreglada.
Miró a mi padre antes de contestar, como si le estuviera pidiendo permiso, y este asintió con la cabeza.
- Tu padre ha invitado a su novia y al hijo de ésta a cenar.
Abrí la boca y tuve la sensación de que mi mandíbula iba a tocar el suelo. ¿ Mi padre tenía novia? Pensaba que ya ni tenía edad para eso. Aunque en el fondo me sorprendía más que mi madre hiciera una cena en su casa para conocerla.
- Además, también es para despedirnos de Justin, quien ya ha encontrado un apartamento.- continuó.
- Espera. Retrocede.- me giré para mirar a mi padre.- ¿ Desde cuando tienes novia?
Él solo se removió incómodo en su asiento, lo que me dio a entender que llevaban bastante tiempo.
- Oh, genial. Mi padre tiene novia y yo ni siquiera me entero. Muy bonito, sí.
Me levanté de mi silla para salir al porche a coger aire. Apoyé mi cuerpo en la barandilla y respiré hondo. La puerta principal se abrió haciendo bastante ruido. No me molesté en girarme para ver quien era, seguí mirando hacia adelante sin decir palabra. Justin se colocó a mi lado, pero no habló. Una brisa hizo que algunas hojas y  tierra del suelo se levantaran y sentí como se me metía algo en el ojo.
- Mierda.- murmuré mientras intentaba sacarme lo que hacía que se me lagrimara el ojo.
Justin se giró hacia mi.
- ¿ Estás bien? - colocó los dedos debajo de mi barbilla e hizo que lo mirara.- Déjame ver.
No protesté y dejé que me inspeccionará con la ayuda de la tenue luz del porche. Sopló con delicadeza a unos centímetros de mi cara y sentí como me temblaban las rodillas.
- ¿ Mejor? - preguntó mientras se separaba, pero no lo suficiente para que yo me relajara.

Seguía notando su aliento en la cara y, sin darme cuenta, bajé mi vista hacia sus labios. Besó mi frente antes de entrar en casa, dejándome sola y confundida.




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